Open Innovation es Transformación (I)

De cómo las mentes abiertas e innovadoras transforman el mundo sin pedir permiso

Seguro que todos recordamos esas vallas publicitarias en las que un famoso actor decía “prefiero pedir disculpas que pedir permiso”. O esas otras de una conocida marca de helados regalando “¡¡¡un fin de semana sin novio!!!”, con tres alocadas amigas a bordo de un esplendido descapotable americano. No eran propuestas arriesgadas, sino la constatación de trasformaciones rompedoras que se estaban produciendo.

un fin de semana sin novio

Las agencias con instinto de supervivencia son muy astutas, reúnen creativos de muy diferentes perfiles y orígenes y los ponen a trabajar en modo virtual, bajo la batuta transformadora de un buen director artístico. El mundo ha cambiado, y mucho. Antes, él solo se habría comido el marrón, porque esa colaboración se suponía nociva en si misma por la pérdida de control.

Todos hemos vivido u oído hablar de la “carrera espacial” y la “guerra fría”. Un tiempo en el que ambas estrategias estuvieron ligadas y marcadas por el secretismo. Décadas en las que el sector aeroespacial alcanzó un liderazgo indiscutible en el desarrollo de todo tipo de tecnologías. Sin embargo, cuando se acabó la guerra fría no se cambiaron los encorsetados modelos de gestión de I+D, ni las rígidas regulaciones de seguridad. Asimismo, cuando los presupuestos de la carrera espacial cayeron estrepitosamente, se inició un proceso de concentración en el sector que terminó en oligopolio. Ambos efectos, sumados, hicieron que las enormes empresas del sector aeronáutico perdieran “frescura y hambre”, y no ofrecieran respuestas rápidas a los cambios que se estaban produciendo, lo que terminó por abrir definitivamente las puertas de los famosos “garajes americanos”.

Ese momento marcó el inicio del cambio de modelo de innovación tecnológica y de negocios, de la transformación trasgresora para acelerar los cambios. El sector aeroespacial, sin proponérselo, estaba cediendo el liderazgo tecnológico a la pujante industria TIC. Si el ordenador personal acabó con el elitismo tecnológico, la irrupción de Internet, mediados los 90, creó el escenario idóneo para la creación colaborativa, sentando las bases del modelo de “innovación abierta”. La suma de estos hitos, y sus soportes derivados, han acabado transformando completamente las relaciones entre las personas y los modelos de gestión y de negocios, creando un mundo neuronal difícilmente imaginable anteriormente.

En esa misma época, con su propia interpretación del modelo colaborativo y de innovación abierta, la industria aeronáutica empezó a lanzar proyectos de desarrollo de nuevos aviones comerciales en colaboración con los operadores. Desde el diseño conceptual hasta el despliegue operativo eran consensuados para reducir riesgos y aumentar la eficiencia. Pero las regulaciones, la seguridad y las enormes inversiones necesarias implicaban proyectos de hasta 10 años de ciclo de vida, lo que les restaba dinamismo y les impedía seguir el ritmo trepidante de las TIC. Todavía, hoy, es marginal el uso a bordo de algunos de los avances TIC más importantes de los últimos 15 años. Parece ser que las “revoluciones modelo garaje” se le atragantan al sector aeronáutico. Paradójico por otro lado, pues los hermanos Wright alumbraron la aviación desde el suyo.

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